4/12/2015

El Arte De Ligar Con La Tarea

Lo que más me gusta y a la vez decepciona de los humanos es lo predecibles que son. Una vez que estudiaste a un par de ejemplares a una distancia prudente y analizaste las distintas reacciones bajo determinadas variables, los seres humanos se convierten en una película monótona y constante, repetitiva y cansadora. La experiencia es más efectiva cuando la variable es una misma. ¿Quien no se cansa de ser una Wikipedia viviente?
En mis largos años en el colegio, al que asistía desde que tenía cinco años, había tenido tiempo suficiente para darme cuenta de que mis compañeros no me ignoraban del todo porque yo era una fuente proveedora de lo que todos deseaban: machetes.
Machetes, tarea, lecciones de último minuto, resúmenes del libro que había que leer para literatura... Todos esperaban que yo les entregara todo sin rechistar y con una sonrisa en el rostro, sino era una mala onda. ¿Pero que les pasaba?¿Creían que para mi era fácil sacarme buenas notas? ¿Creían que me divertía resolver un capítulo entero del libro de matemática de un día para el otro? ¿Creían que disfrutaba leyendo el Martín Fierro? La verdad era que de ese libro no entendía ni el título (bueno, en realidad, si).
Pero lo que más me molestaba era que yo era invisible, hasta el punto en el que la gente me atropellaba y se disculpaba por encima de su hombro diciendo:
―No te vi.
Clásico. ¿Cómo no me van a ver? Esta bien que no soy ningún fenómeno de la altura (mido un metro y medio), pero tampoco para llegar al punto de pretender que soy invisible.
Pero de repente ¡PUM! Prueba de historia. ¿Y adivinen quien se convierte en la chica más solicitada del curso? Si, yo.
Todos los chicos y chicas pululando alrededor mío constantemente, no me dejan ni respirar. Me preguntan si les presto la tarea, si les explico para la prueba, si pueden fotocopiar mis resúmenes.
¿Y yo que les voy a decir? ¿No te lo presto porque te aprovechas de mi? ¿Eso que me va a cambiar? Si les criticara el sólo hablarme para pedirme tarea, lo único que lograría sería que traten de engañarme haciéndose los amigos que no se aprovechan de mi para pedirme la tarea. Y al final eso es peor. ¿Para qué quiero amigos falsos? ¿Para qué voy a obligarlos a ser mis amigos cuando es lo último que quieren? Simplemente, van a idear algún nuevo plan maligno para robar mi tarea o reutilizar alguna estrategia de conquista adaptada para ligar con la tarea en vez de las chicas.
Por ejemplo, la vez que había que interpretar un poema para la clase de literatura. Yo, como la loca que soy, le había pegado mil vueltas y había hecho una interpretación de lo más rebuscada, que ningún otro chico había logrado. Por otro lado estaban Santiago y Andrés. Ninguno de los dos había hecho la tarea. Ahora, uno era muchísimo más creativo que el otro.
Andrés se acercó con la típica táctica de hacerse el amigo.
―Hola Eli.― Se sentó al lado mío y sonrió. Yo lo miré con una sonrisa incrédula y cara de "desde cuando respiras el mismo aire que yo".
―Eh... ¿Hola?― Le dije mientras alejaba mi silla de la suya para evitar que su sweater rozara al mío. Si, soy así de rara. La silla hizo un ruido para que se entere todo el continente. ¡Por los siete Horrocruxes!
―¿Que es eso que tenes arriba del banco?― Me preguntó, como si le interesara lo más mínimo lo que estaba haciendo. Pero claro, tenía que ser mi tarea.
―Ah... Es lo que había que hacer para literatura...―¡¿Había tarea de literatura?!― Fingió sorprenderse. Yo puse los ojos en blanco y suspiré, desplomandome sobre la silla. ¡Lo que tenía que soportar!― ¿Me la prestas? Es sólo para guiarme, no me voy a copiar.
―Si, claro...― Refunfuñé mientras le entregaba las hojas impresas con la tarea. ―¡Gracias! Sos una genia. Me re salvaste, te amo.― Me dijo, mientras desaparecía en la multitud que me rodeaba, llevándose mi tarea. Soy una genio, analfabeto, pensé. Se dice es una genio. Genio. GENIO. Pero bueno. Esta es la vida real y hay gente analfabeta. Ya se que es duro, pero debo aceptarlo. Ya lo sé. Duele. Me sequé una lagrimilla imaginaria con exagerada elegancia y me reí de mi misma.
Si, esa soy yo. Mi vida es como una comedia romántica, en la que estoy yo sola, riéndome de mis propios chistes. Una Winner total. Aplausos.
Una vez que me hube recobrado del espanto que me causó aquel bárbaro error, caí en la cuenta de lo que me había dicho el muy maldito. Te amo. Ya sabía que era mentira, no era boba ni nada. Pero me chocaba la naturalidad con la que lo decía, cuando en realidad ni siquiera se había tomado el tiempo de conocerme. Probablemente ni siquiera se acordaba mi apellido.
Hablando del tema, un día yo estaba tratando de acomodar mi banco del colegio, cuando un chico se sentó sobre mi mesa. Yo me quedé en plan "que chiringola hace este tipo acá" y traté de moverlo educadamente. Como el hombre no me daba ni la hora, una chica que pasaba por ahí cerca le hizo saber que yo estaba pidiéndole que se bajara desde hacía como diez minutos. El chico, no se si con buena o mala intención, se bajó bruscamente de la mesa, tirándola al suelo. Y yo más o menos arrancándome los pelos de la cabeza de la frustración. Acababa de acomodar todos mis cuadernos ordenadamente en el compartimiento debajo del banco, y ahora estaba todo en el suelo.
Para colmo, todo el mundo creyó que había sido yo la que había tirado el banco, y me silbaban y abucheaban.
―¡Eh, tranquila!
―¡Se re calentó!― Risas.
Y entonces se le ocurrió hablar al tipo que me había tirado el banco.
―Tranquila, Eliza, yo te quiero,― me dijo― porque me prestaste la tarea.
¿Te quiero porque me prestas la tarea? ¿En serio?
Gente, anoten esto: para los hombres, no hay nada más sexy que una sensual tarea hecha por una traga/nerd/como-quieran-llamarlo.
Yo ya ni me acuerdo de que estaba hablando.
Ah, cierto, ya me acuerdo. Estaba platicando sobre las distintas estrategias para ligar con la tarea.
Andrés, para conseguir que se la preste, se hizo el amigo. Santiago, por otra parte, fingió que la había hecho. La verdad, me sorprendió su bien tramado plan. Toda la vida había creído que tenía menos neuronas que un gato tuerto. Decía, que yo le estaba explicando a una chica más o menos como había interpretado el poema para que ella pudiera basarse y contestar las preguntas, cuando se acercó Santiago.
―¡Ey! Yo lo interpreté igual que vos―. Me dijo con una sonrisa. Yo lo puse en duda al instante ¿que quería?
―Ah...― Tartamudeé y me encogí de hombros, mientras bajaba la vista, azorada.― Copado.
Él se acercó y comenzó a leer mi tarea por encima de mi hombro, apoyando una de sus manos al lado de mi tarea. Estaba parado detrás mío, cerca. No cerca, lo que se dice cerca, pero lo suficiente como para que yo me sienta incómoda. De cualquier forma, un chico que no sea mi hermano se para a dos metros de mi y yo ya estoy de los nervios.
Me paré mientras lo alejaba y me escabullí con la tarea hacia otro lado. Uff, eso fue incómodo.¿Por que me pasa esto a mí, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, por qué?
Santiago me persiguió. ¿Me meto en el baño de mujeres? Ahí él no va a poder seguirme ¿verdad? Le eché una mirada furtiva. La verdad, el chico era tan caradura que era capaz.
De cualquier forma, no importó, porque Santiago ya estaba al lado mío y me seguía hablando.
―...porque, como te dije antes, lo hice igual que vos. Re loco, ¿no? Bueno, sólo quería que me lo prestes para que vea si pusimos más o menos lo mismo o si me olvide de algo. Además, también me puedo fijar si vos tenés algo mal o te falta y así te conviene porque te estoy ayudando, entonces vos me lo prestas ahora un segundo, antes de que llegue la profesora y yo me fijo y después te lo devuelvo y listo. Te re conviene, igual no te preocupes, después algún otro día vos me ayudas con algo a mi y listo. Igual no te preocupes, tampoco te voy a pedir nada loco, te hago el re favor. Además como yo pensé lo mismo que vos no es como si me estuviera copiando ni nada, así que me lo das ahora y me fijo y te corrigió y listo, salís ganando. ¡De nada!― Santiago me largó todo el rollo en menos de diez segundos, me sacó la tarea de las manos y se fue corriendo a su banco para poder "corregirme". Como si yo quisiera que él me corrija la tarea... ¿Cuándo se lo pedí? Maldito manipulador.
Después de unos segundos, durante los cuales me quedé perpleja, recobré la compostura y me acerque a su banco. Cuando iba a mitad de camino, un chico pasó rápidamente por mi lado, haciéndome trastabillar. Me estabilizó por los hombros y se fue corriendo al toque, gritando una disculpa por encima de suhombro.
Genial, ya era como la quinta vez en el día que me atropellaban. Debe ser la jetatura.
Bueno, volviendo al punto, avancé hasta la mesa donde estaba sentado Santiago-roba-tareas-de-niñas-inocentes y le saqué la hoja de un manotón.
―¡Ey!― Se quejó.― ¡Te estaba ayudando! Además, lo hicimos igual ¡sólo estoy corrigiendo!
―Pero vos me decís que lo hicimos igual sólo para poder copiarte.― Le digo, con un deje de tristeza en la voz. No se si porque el pobre va a tener que estrenar su cerebro para hacer la tarea o porque, otra vez, me usó para que se la preste.
 ―¡Bien ahí, Eli!― Me dijo una chica que estaba sentada en el banco de atrás. Santiago la miró en plan "métete en tus cosas y no arruines mis planes macabros". Cuando volvió a girarse para verme a mi, yo ya había desaparecido de su campo de visión.

2 comentarios:

  1. Debo decir un par de cosas...primero, quiero pedir perdón porque se que varias veces fui yo la mequetrefe que te pidió la tarea por fiacosa.Segundo, acabo de leer otra obra maestra jajajaj no pero enserio tipo, no sabes lo que disfruto leyendo esto 😁y tercero, me da muchisisima intriga saber quien es quien en la historia.

    ResponderBorrar